martes, 13 de octubre de 2015

“En pleno siglo XXI seguimos sin darnos cuenta de que en esencia somos todos iguales”

Gabriela Wiener:
Jorge Volpi. Escritor mexicano. Licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado 18 novelas. En 2012 presentó la novela La tejedora de sombras, que le valió el Premio Planeta-Casa de América. 

La mujer de Jorge Volpi nació en el estado de Tlaxcala, a dos horas de Ciudad de México. Por ella llegó el escritor a Tenancingo, el pueblo de 10 mil habitantes del que han surgido decenas de familias dedicadas al tráfico de mujeres, la prostitución y la prostitución infantil: cuenta la leyenda que desde épocas prehispánicas el pueblo se dedicaba a estas actividades. En los años noventa del siglo pasado, ya convertido en una “industria” este comercio se abrió hacia Estados Unidos, donde los “empresarios” encontraron entre los inmigrantes indocumentados y la comunidad mexicana un nuevo mercado. Las elegidas (Alfaguara), la nueva novela de Volpi —quizá el autor mexicano más premiado de los últimos años— es un libro que huye del reportaje o la crónica para entregarse a la ficción radical (escrita en versos octosílabos) y denuncia cómo en pleno siglo XXI las mujeres siguen considerándose mercancía. Lirismo contra dolor. 
 
La novela nació como un guion de cine y luego fue un libreto de ópera para llegar  finalmente a su forma actual, un proceso poco usual en la narrativa...
 
En efecto, el de Las elegidas ha sido un proceso poco común. En 2008 empecé a escribir un guion de cine del que ahora no queda sino lo que podríamos llamar “historia original”. Ahí se planteaban ya los principios del relato, la familia dedicada al tráfico de mujeres y la prostitución infantil, la conexión con la Biblia, algunas de las tramas familiares. 
 
¿Cómo ha sido el salto entre estos lenguajes? 
 
De esta historia original, que ahora se ha vuelto un tanto fantasmagórica, surgieron dos proyectos que se gestaron paralelamente: el guion realizado por David Pablos para su película –que retoma y reinventa la historia de Ulises, que en la novela es uno de los hijos del Chino– y el libreto de la ópera Cuatro Corridos que yo escribí. Sólo después decidí volver a darle forma literaria a esa historia original. La novela Las elegidas conserva muchas de las escenas de aquel guion, pero hay muchas otras nuevas. El lenguaje, además, cambió completamente, para volverse una novela en verso, más cercana, por tanto, del ritmo del libreto, escrito en octosílabos semejantes a los de un corrido. 
 
Tras leer tu novela, para muchas mujeres feministas la palabra Tenancingo será lo más parecido al infierno tan aborrecido… ¡Dime que todavía hay algo bueno en ese pueblo, que todavía hay esperanza!
 
Nunca se puede generalizar. Tenancingo es un pueblo como tantos del centro de México, con muchas familias dedicadas a actividades normales. En los últimos años, además, ha habido programas interesantes para evitar la prostitución infantil. Pero por desgracia continúa habiendo familias dedicadas a este negocio criminal. Todavía tres de los criminales más buscados en Estados Unidos por tráfico de mujeres —y esclavitud sexual— son oriundos de Tenancingo. 
 
La forma de la novela, cien capítulos como cien poemas, hace recordar a otro trabajo tuyo muy anterior, Oscuro bosque oscuro, que era también una novela escrita en verso… ¿Qué tienen estas historias para demandar esa forma?
 
Tanto la trama detrás de Oscuro bosque oscuro —los genocidios del siglo XX— como Las elegidas tienen temas terribles, oscuros, casi insoportables. Quizás por ello me parece que el lirismo, el ritmo y la contención del verso les otorga la posibilidad de escapar del amarillismo y el morbo propios de nuestra época. Quería algo lo más alejado posible a una investigación periodística o un reportaje y, por supuesto, de las ahora tan de moda “novelas sin ficción”. 
 
El maltrato familiar que describes en tu libro, el sometimiento a esclavitud de mujeres que son hermanas e hijas de sus verdugos, me hace pensar en esas teorías que nos recuerdan nuestra animalidad… ¿Crees que hay un punto no evolucionado en personajes como los que describes? 
 
Al observar una familia como la de la novela, semejante a muchas familias reales, lo primero que pensamos es que se trata de algo “primitivo”, como si nos enfrentáramos a una familia prehistórica o salvaje. La realidad es que estas familias combinan elementos absolutos de la modernidad y, diría más, del neoliberalismo con prácticas ancestrales de machismo y autoritarismo. Eso es quizás lo más chocante de este fenómeno. 
 
Los centroamericanos sufren cada día la discriminación por parte de los mexicanos, como si todos formáramos parte de una cadena de discriminación, solo  cambia el eslabón que nos toca, ¿Cómo se rompe eso?
 
Es terrible que siempre las “pequeñas diferencias” estén en el origen de la discriminación, como si apenas un acento distinto o un mínimo matiz en el color de la piel produjeran estos desplantes de odio. En efecto, en México el trato hacia los centroamericanos que cruzan nuestro territorio hacia Estados Unidos es terrible, como demuestra la masacre de 71 de ellos en San Fernando, Tamaulipas, o las novelas de Antonio Ortuño y Emiliano Monge. En pleno siglo XXI seguimos sin darnos cuenta de que en esencia somos todos iguales. El trato que le dan algunos mexicanos a otros mexicanos es tan atroz como el reservado a los centroamericanos. 
 
Un año ya de Ayotzinapa ¿hemos aprendido algo? ¿se puede sacar algo positivo de tanto dolor?
 
Lo más terrible de Ayotzinapa es que no se trata de una excepción o una anomalía, sino de la consecuencia extrema del sistema social y jurídico que hemos construido los mexicanos desde nuestra transición a la democracia en el 2000. El despertar cívico provocado por este hecho ha sido muy importante, pero ello no se ha traducido en cambios que impidan que algo semejante vuelva a ocurrir en el futuro. Nuestro sistema de justicia necesita una reforma radical que aún no se ha dado. Y tenemos que seguir luchando, además, por eliminar la absurda prohibición de las drogas que está en la base de la corrupción que inunda nuestras instituciones y provoca los miles de muertos y desaparecidos que hoy lloramos.  

2 comentarios:

  1. Por más que el tiempo haya pasado y con él mucha agua haya corrido por el río , la discriminación y la prostitución sigue siendo moneda corriente en todo el mundo, Son grandes problemas a los que se está enfrentando la humanidad desde hace mucho tiempo.

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  2. Igualdad ante todo, sin distinciones ni prejuicios.

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